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Publicado el 15 de mayo de 2026

De Suiza al mundo: inventos que se han vuelto imprescindibles

¿Cómo llegó un abrojo al espacio? ¿Qué tienen en común un vaso de vino derramado y el envoltorio de un sándwich? Dos inventos, el Velcro y el celofán, son una muestra de un verdadero talento suizo: convertir ideas excéntricas en herramientas prácticas con nombres atractivos. Estos son solo un par de ejemplos del ingenio suizo. Científicos de todos los campos del saber han hecho uso de su pragmatismo suizo una y otra vez para desarrollar inventos que han cambiado el mundo para siempre.

Dos tiras de velcro verde cruzadas sobre fondo blanco: una con ganchos, la otra con bucles fibrosos.

El cierre de cremallera – Martin Winterhalter (1925)

Los estadounidenses habrán tenido la idea, pero los suizos la perfeccionaron e inventaron lo que hoy conocemos como el cierre de cremallera.

El precursor del cierre fue patentado en los Estados Unidos en 1851. Consistía en unir dos bordes de una prenda mediante una serie de ganchos enfrentados que se ajustaban o se abrían por medio de un cordón. ¡Nada que ver con el práctico cierre que conocemos hoy!

Primer plano de una cremallera metálica plateada riri sobre tela roja burdeos, fondo negro.

Pero en 1923, Martin Winterhalter, un abogado de St. Gallen, conoció a un estadounidense que era titular de la patente del antecesor del cierre. Winterhalter vio una oportunidad para mejorar el invento y adquirió la patente por 10.000 francos.

Para 1925 ya había perfeccionado la tecnología y así nació el cierre con diseño de dientes intercalados que aún se utiliza en la actualidad. Una leyenda cuenta que Winterhalter se llevó sus máquinas desde Alemania y Luxemburgo y las ingresó en Suiza de contrabando para protegerlas de los Nazis.

El Velcro® – Georges de Mestral (1941)

Se dice que a los suizos les gustan las cosas resistentes y duraderas. ¿Nos sorprende que el Velcro® haya sido inventado, patentado y registrado en Suiza?

Un ingeniero suizo que estaba de caza por el macizo del Jura notó que ciertas semillas quedaban adheridas a su ropa (y al pelaje de su perro) y que era casi imposible quitarlas. Al observarlas con más detenimiento, notó que estos ‹abrojos› tenían unos ganchos diminutos que se adherían con firmeza a las fibras y al pelo.

Primer plano de cápsulas espinosas de bardana enganchadas en una chaqueta azul con cremallera visible.

Con la ayuda de amigos que trabajaban en la industria textil, Georges de Mestral logró replicar este método de fijación con ‹ganchos y bucles› en un invento. Lo llamó Velcro, que es la unión de las palabras francesas velour (terciopelo) y crochet (gancho). Si bien ya en los años 50 lo comercializaba como el «cierre sin cierre», tuvo que interesarse un organismo como la NASA para que finalmente el invento conquistara al mundo: en 1969, los astronautas usaron el Velcro® para asegurar los objetos dentro de la nave espacial Apolo.

Ahora tal vez se necesite otro suizo para hacer que el Velcro® sea más silencioso – además de descubrir el nombre del perro que inspiró a Georges de Mestral.

El pelador Rex – Alfred Neweczerzal (1947)

El pelador de verduras Rex fue inventado y patentado por Alfred Neweczerzal en 1947. Gracias a las copias, se lo conoce popularmente como el ‹pelador Y›.

Pelador de verduras de metal plateado con cuchilla horizontal y marco de alambre que forma un mango, sobre fondo blanco.

Una versión sostiene que Neweczerzal inventó el dispositivo porque estaba cansado de pelar montañas de papas en el ejército, pero su diseño revolucionó para siempre las cocinas de todo el mundo. El Rex original se construía a partir de una única pieza de aluminio; era fácil de producir, muy económico, de alta calidad y sencillo de usar tanto para diestros como para zurdos.

Otra leyenda cuenta que una familia le pidió al nieto de Alfred que reemplazara la hoja original del Rex, imposible de desarmar, luego de sesenta años de leales servicios. Hasta el día de hoy, su nieto continúa produciendo con el mismo molde pero en acero inoxidable o acero al carbono pulido y este pelador suizo sigue siendo el mejor en su tipo.

Nescafé – Max Morgenthaler (1936)

En 1929, Brasil se quedó con un gran excedente de granos de café como resultado de la caída de Wall Street. Para salvar al sector, el Instituto Brasileño del Café se puso en contacto con la firma suiza Nestlé con el objeto de crear un café instantáneo de sabor delicioso.

Fotografía en blanco y negro de dos envases de Nescafé: un tubo cónico y una lata metálica cilíndrica.

En aquella época se contaba con una especie de agua cafeinada de color marrón, pero carecía del típico aroma del café. Luego de cinco años de intentos fallidos para preservar el verdadero sabor del café en forma de polvo, Nestlé decidió abandonar el experimento.

Sin embargo, un químico de la empresa siguió probando en secreto diferentes métodos en su tiempo libre en la cocina de su casa cerca de Vevey, en Suiza. En 1936 Max Morgenthaler le presentó a Nestlé la fórmula del éxito y el 1 de abril de 1938 se lanzó el Nescafé.

Celofán – Jacques E. Brandenberger (1912)

Y para envolver cosas… ¡nada mejor que el celofán! Muchas veces se recurre a un buen vaso de vino para que empiece a fluir la creatividad, pero lo que disparó la imaginación del químico suizo Jacques E. Brandenberger fue el vino que se derramó del vaso.

Rábanos daikon blancos y coles envueltos individualmente en film plástico con etiquetas en japonés sobre fondo verde.

Inspirado al ver el vino derramado sobre el mantel, decidió crear un material que pudiera repeler los líquidos en lugar de absorberlos. Primero roció unas telas con una capa impermeable, pero se volvían rígidas y difíciles de usar y la película transparente se despegaba con facilidad.

Esto dio pie a la siguiente idea de Brandenberger: al ver con qué facilidad se separaba la capa impermeable transparente de la tela, decidió explorar las posibilidades de esta nueva sustancia. Dedicó los siguientes 12 años a perfeccionar su estructura y consistencia y fabricó una máquina para producir la película. La llamó celofán, una combinación de las palabras celulosa y diáfano (transparente), y dejó para la posteridad una forma totalmente nueva e higiénica de conservar las sobras de la comida para el día siguiente.

Desinfectante de manos moderno – Dr. Didier Pittet (años 90)

Idea no era nueva, pero en Ginebra se convirtió en una solución que llegó a ser el estándar global de seguridad del paciente.

En los años 90, el médico y epidemiólogo Didier Pittet comprobó que la higiene tradicional de las manos, larga y compleja, fracasaba a menudo en el ritmo frenético de los hospitales. Junto con el farmacéutico William Griffiths, desarrolló una solución alcohólica práctica, respetuosa con la piel y sin agua, contenida en un pequeño frasco que revolucionó la rutina clínica.

Frasco de gel desinfectante de manos Lucky con bomba y mascarilla quirúrgic

El «modelo de Ginebra» se convirtió rápidamente en una referencia mundial: sencillo de producir, utilizable en cualquier lugar y viable incluso en regiones sin agua potable. Durante la pandemia mundial de Covid‑19, el desinfectante de manos fue una de las primeras y más importantes barreras contra la propagación del virus.

Aunque su invención ha protegido millones de vidas, Pittet renunció deliberadamente

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