Reciclaje
A pesar de tener un consumo superior a la media mundial, Suiza suele citarse como ejemplo en el ámbito del reciclaje debido a la gestión de su sistema de recogida, separación y recuperación de residuos. El país dispone de una infraestructura de alto nivel y los poderes públicos incentivan de manera activa cualquier forma de reciclaje.

La basura es un reflejo de nuestros hábitos de consumo. Suiza tiene uno de los niveles de generación de residuos per cápita más altos del mundo. Debido al fuerte crecimiento económico, la producción de residuos se duplicó entre 1970 y 2010, pasando de 309 kg a 706 kg por persona. Posteriormente, el aumento se desaceleró gracias a diversas medidas y en los últimos años ha ido disminuyendo: en 2024 cada persona produjo en promedio 670 kg de residuos. Con el tiempo, Suiza se ha convertido en uno de los países líderes en reciclaje.

Sistema público-privado
Suiza dispone de un sistema de gestión de residuos en el que intervienen entes públicos y privados, y al mismo tiempo posee una serie de disposiciones legales para incentivar la eliminación de residuos. Las materias primas son raras y caras, por eso deben cerrarse los ciclos de vida material. Este sistema es parte integrante de una política de recursos que pretende ser sostenible y global. Las empresas de reciclaje forman así un sector especializado de la economía.
Eliminación de residuos
Existen muchas maneras de eliminar desechos. Suiza da prioridad al reciclaje, es decir, a la reutilización inmediata de productos usados o a la recuperación de materias primas secundarias a partir de los desechos. Otra práctica consiste en la recuperación energética en plantas de incineración de residuos domésticos. Si esto no es posible por razones técnicas o no es viable económicamente, se depositan los desechos en un vertedero controlado tras un tratamiento adecuado.
Residuos urbanos
El papel, el vidrio y los desechos biológicos conforman la mayor parte de los residuos urbanos. La mitad de estos desechos se recoge para su posterior reciclaje. En Suiza uno puede beneficiarse de recogidas de papel y cartón, vidrio, botellas PET y latas de conservas y de aluminio. El reciclaje funciona en base a ciertas reglas. Por ejemplo, la ley sobre los envases para bebidas prescribe un porcentaje de reciclado de al menos un 75% para los envases de vidrio, PET y aluminio. Las autoridades pueden introducir un depósito si no se alcanza esta tasa. También son comunes los contenedores gratuitos para la recogida de textiles, mientras que los aparatos eléctricos y electrónicos defectuosos pueden devolverse en el comercio minorista.
Proteger el medio ambiente
Suiza dedica el 2% de su PIB a la protección del medio ambiente. La mayor parte de los gastos está destinada a la gestión de los desechos y de las aguas residuales. La alimentación, el consumo de energía y la movilidad se encuentran en el origen de gran parte de la carga medioambiental.
Economía circular
Pobre en materias primas, Suiza aplica desde los años ochenta el principio de circularidad. La economía circular engloba el entero ciclo de materias y productos hasta el reciclaje. El modelo circular se ha impuesto sobre todo en la gestión de los residuos. Las medidas adoptadas por la Confederación a favor de la economía circular se basan en el criterio de precaución y en el principio «quien contamina paga», pero también en los avances de la tecnología y la innovación, así como en la colaboración con la economía en virtud de la ley sobre la protección del medio ambiente.
Balance ambiental
Medidas que permiten cerrar un ciclo, no son siempre interesantes en el plano ecológico. Por eso juega un papel esencial el balance ambiental, que evalúa la pertinencia ecológica de una medida relacionada con la economía circular. Toma en cuenta todos los efectos sobre el medio ambiente a lo largo del ciclo de vida. Esto ayuda tanto al medio ambiente como a la economía. Por otra parte, la Oficina Federal del Medio Ambiente coopera también con asociaciones que promueven la economía circular.